viernes, 23 de marzo de 2012

Sentimiento Bielsa





de libros que podés encontrar en el Almacén

Sentimiento Bielsa
Editorial Eloísa Cartonera - 2005
Ricardo Piña


Una mirada prejuiciosa nunca haría recaer su lectura en un poemario que hablara sobre “fulbo”, para contestar a la pregunta ¿y para qué poetas en tiempos de penurias? Y cómo se equivocarían ante un libro como “Sentimiento Bielsa”, escrito por Ricardo Piña entre los años 2002 y 2003.

El libro hace reventar las fronteras literales del fútbol como tematización social, ubicándose sin demoras en pleno malestar de la cultura del fútbol, de allí que entiende al fútbol como malestar en la vida social. Para hacerlo, afronta la contradicción principal entre el poeta y el hincha, aunque al “poeta” lo enmascare detrás del ciudadano: “la opción de actualidad:/ elegir entre ciudadano/ o hincha.// Hay que ser/ muy valiente/ o muy imbécil/ para seguir soportando toda/ esta mierda de demagogia. ¿No..?!”.

Detrás de esta frontera electiva, se tensionan dos géneros: el lírico y el épico, o mejor tendríamos que decir liricoépico, como formando un espacio único donde los objetos de la escritura: los jugadores de fútbol, el gobierno, “los inmortales del micrófono” irán cayendo para con su efecto de gravedad atraer o rechazar las imágenes poéticas. En esa trama, Ricardo Piña va desojando las angustias interiorizadas de la existencia, propias de la tradición lírica: “Mis ojos se pierden en la actualidad./ Como dos pájaros que se estrellan contra mi cráneo/ y siguen los derrumbes de cada uno de los manifiestos”; para, ya lo dijimos, tramar con lo exterior la búsqueda de los hechos que determinan los sufrimientos y angustias (y sí, a eso podemos llamar épica): “Y pienso que todo es una consecuencia/ y termino justificándome es este gran malestar// El gobierno caga todo lo que toca”. Así se completa la urdimbre con esa guerra exterior que se desata cuando alguien busca alguna revolución tanto sea en el fútbol, como en la vida.

Pero tal vez nos estemos precipitando, no tenemos que olvidarnos de esos pié de páginas que Ricardo Piña deja a manera de un diario íntimo al final de cada unos de los ocho poemas que conforman Sentimiento Bielsa. Consignan las fechas de partidos de fútbol de la selección argentina, siete corresponden los días del mundial 2002 y el último, inaugurando otra serie, se refiere a un partido con la selección japonesa en el que la “invención Bielsa” -el título del poema refiere a la “Estampita Bielsa”- se impuso 4 a 1.

Al otro extremo de estos “pies” clavados en el suelo de la realidad, en cada título que abre un poema se presenta a “Bielsa” a la manera de las antiguas épicas medievales, por ej.: “Monstruos inocentes o el segundo encantamiento del Señor Bielsa” o “Del ostracismo del mágico Señor Bielsa y las tantas boludeces de los inmortales del micrófono”. Así, pensamos se arma el bastidor que tensa la trama conjunta del espacio liricoépico del libro. Por debajo el diario íntimo, por arriba la aventura. El “mágico Señor Bielsa”, entonces, es uno de los tensores del campo de juego del poema, y también el límite que se habrá de trasponer para llenar la elipsis (el vacío) que el poema se propone pensar. ¿Si el “mágico señor Bielsa” es un límite, quién es el héroe que debería reclamar su parte en esta liricaépica?

Mientras esperamos la respuesta, ya estamos en condiciones de asegurar que los villanos oscuros son los “inmortales del micrófono”. Lejos de cualquier búsqueda inventiva a estos contrincantes perfectos los alimentan los vaivenes variopintos de opiniones ancladas en el resultado conveniente y el resentimiento: “aunque los inmortales del micrófono sigan estando./ Y el tiempo no les desgaste la inutilidad./ Y los desvele la iniciativa de pisar la redonda. […] Ellos hablaron antes, y van a seguir hablando. /Pero el señor Bielsa no se iba a llevar su locura envuelta en la derrota/ (“eso después te quita sorpresa”).”

Mientras allá abajo en el pie que va sosteniendo la urdimbre, leemos: “martes seis de agosto de dosmil dos “el loco” vuelve/ buenosayres miserable”.

Habíamos anticipado que en esta trama espacio-temporal del poema (la estuvimos llamando con su otro nombre liricaépica) caen objetos materiales con mayor o menor peso formando curvaturas “gravitacionales”, esos objetos asumen la forma de voces mundanas que siempre acechan y confirman que el mundo no puede desdoblarse. Su densa materialidad impide todo intento de apertura. Ahí están los inmortales del micrófono para validarse doblemente en esas voces hostiles o confundidas, que dentro y fuera el poema todavía resuenan: “Puedo ordenar este horror./ Y contagiar el martirio./ Puedo resignarme por no tener héroes para identificar./ Y volver a escuchar a los inmortales del micrófono/ incinerando/ la poca dignidad de los aficionados humanos./ Los enfermos lloran. Se quejan. Otros se persignan./ Vamos a mezclar sonambulismo y salvajismo/en los quehaceres de la nación.”

Repasemos cuáles son estos objetos materiales que curvan con su peso la trama liricoépica del poema (haciendo en algunos casos aparecer sus propias voces). Esos objetos son el poema/poeta (que atrae las imágenes líricas en su campo gravitacional), “los jugadores de la selección nacional de Bielsa”, los “inmortales del micrófono”, pero también las masas anónimas. Cada uno de esos objetos con sus respectivos pesos viabilizan caminos, decíamos, que atraen o rechazan las imágenes poéticas y sus búsquedas. Otra forma de decirlo, es que el “mágico señor Bielsa” siendo un tensor de esta trama va a ser invocado o resistido por estos objetos (y sus voces). Así lo convocan “las masas” resistiendo en las plazas eternas (esas que se abrieron en el 2001 por ejemplo): “Todo está ardiendo, Señor Bielsa./ Todo está ardiendo. Todo./ Estamos pudiendo resistir en la plaza, en las fábricas y en las calles./ ¡Alabado sea tu dolor! ¡Mi querido Señor Bielsa!”
En algún momento nos habíamos preguntado por la figura del héroe, rápidamente el poema nos contesta que no deberemos buscarlos en la objetividad de los jugadores estrellas: “Pero Bati, Caniggia, Verón o Ayala/ todos ellos/ de hecho/ no quieren ni volver/ a mezclarse en esta desgracia/ […] Mientras nosotros padecemos a los tres poderes”.

Y más allá del “tensor” de la trama del poema, el mágico señor Bielsa, ¿hay héroes? Pareciera que el relato del partido Argentina-Japón, por la copa Kirin en el 2003 (un año después de haber sido descalificados en primera ronda), en el último poema, reunifica la heroicidad compartida de los jugadores y el señor mágico: “El señor Bielsa tiene todo en el lugar que buscó./ Los japoneses le llaman soccer al fulbo.”

Sin embargo, si le hacemos caso a la función de los títulos y su impronta de aventura medieval, en ese territorio literario donde la magia cumple su papel el “tensor” “mágico señor Bielsa” demuestra la posibilidad de llenar el vacío y la inexistencia que habitan la trama objetiva: propone que el héroe asuma su forma descarnada de búsqueda y apuesta para que lo habitual naturalizado no paralice la apertura de otros posibles.

Y si hoy que el Bielsa que habita en la realidad es loado en un libro de Roman Iucht (periodista deportivo - Marcelo Bielsa. El último romántico), admirado por Pep Guardiola, disculpado por el “fracaso” de hace diez años por la mismísima tapa del diario Olé, y reclamado por el filósofo frente-amplista Tomas Abraham para que de una vez por todas tenga un gesto demagógico con los hinchas que como él siempre reconocieron “su capacidad como técnico”; nos conviene volver sobre el otro “mágico Señor” convocado por el poema de Ricardo Piña en el mismo momento del desconsuelo.

Porque en esta vuelta podremos responder a la pregunta ¿y para qué poetas en tiempos de penurias?
Sentimiento Bielsa no se refiere a ese “sentimientooo que no puede paraaaar (olé olé olé)”, enceguecido y viscoso, sino al sentimiento como percepción de la cercanía de un mundo inexistente. En definitiva, la magia aludida tal vez no sea otra cosa que el pensamiento comprendido como acción.

PD para hinchas: Los jugadores reales podrían tener alguna salida liricoépica si se dejasen tensionar por las búsquedas de lo absoluto que les propone el mágico señor Bielsa. Aunque, claro, no se está diciendo que por eso los justos venzan.

Milo García